martes, julio 17, 2007

San Juan (Parte 2)



Cuando me desperté ya era de noche, y ni rastro de el Canapé, Roña, ni de Teruo.

Decidí irme a la tienda, pero no pude encontrarla. Cansado, caí en la arena y el sol cancerígeno me despertó. Sólo había arena en kilómetros y un vómito al lado de mi cara. Se me había desenganchado la batería del móvil, y como mi último reloj murió chafado por 85 kilos encima de un pie minúsculo, no sabía que hora era, no sabía donde estaba y parecía que mi estómago se estaba empezando a hinchar de hambre que tenía. Nunca había estado peor.

Nadie cogía el teléfono. De repente sonó y era mi madre, sentí ganas desmesuradas de llorar, pero hace mucho tiempo me prometí que no volvería a hacerlo.

El “Duel of the fates” sonaba a destiempo, no es que el sonido polifónico del móvil se equivocase, es que se me antojaba que una “sinfonía patética” hubiera quedado mucho mejor.

¿Dónde estaba?, ¿qué iba a hacer ahora?, ¿por qué habían sido abducidas todas las tiendas de campaña?; mientras me formulaba todas estas preguntas una silueta se puso delante del sol y, con lo que a mi me pareció sutil gracia, se sentó a mi lado. Parecía una chica, tenía el pelo rosa, unos ojos muy abiertos y negros y la piel clara salpicada de pecas.

Con su dedo índice empezó a golpearme el brazo repetidamente y empezó a cantar una cancioncilla (más bien dos versos repetidos al infinito):

“te has perdido y no sabes donde estás,
si no bebes agua pronto morirás”

Cuando fue la vez número cuarenta y dos, empecé a sospechar algo, con la número cincuenta ya me parecía toda una evidencia y cuando escuché la rima sesenta veces estaba seguro, no podía fallar: ese robot sabía algo y tenía un mensaje encriptado para mí: necesitaba averiguar la clave.

Estaba muy bien conseguida, parecía una chica de verdad, aunque por el pelo (un poco acartonado) se notaba que era un robot. Intente buscar un teclado por toda su anatomía, pero al no encontrarlo supuse que sería un teclado virtual y que tendría que apretar un botón para que apareciese ante mi.

Cuando me separé de ella, para examinarla mejor, dejó de cantar y de mover el dedo (por lo sensores de proximidad evidentemente), pero ni rastro del puñetero botón. Le apreté en la nariz (de latex por supuesto, muy realista) y no pasó nada. Volví a apretar más fuerte y se cayó para atrás, entonces soltó un grito y acto seguido empezó reírse. Los robots no tienen emociones ¿qué clase de abominación robótica habían creado?, ¿Estados Malditos de América hasta donde llegará vuestro atrevimiento?

Ahora el robot había estallado en carcajadas… ¡maldición!, ¿había estado pensando en voz alta y había escuchado todo mi hilo de pensamiento?

Aclarada (más o menos) la situación, la chica (que no robot) me dijo que se llamaba Catalina pero que debería llamarla Cat o como mucho Caty con i griega pues si no mi “cuerpo se desmaterializaría en pedacitos más pequeños que los átomos” Lo cual me pareció bastante pequeño así que asentí con la cabeza y deseé que jamás se me olvidara dicha amenaza.

Le envié un mensaje a mi primo diciéndole que nos veríamos el domingo por la mañana para coger el barco y que pasaría el día en Mahón (o como dicen ellos “Mó”).

Al verme llegar en un coche conducido por una tía con el pelo rosa supieron que había triunfado, y es que no te lo crees, ¡tengo novia!



Cosas Aprendidas Hoy:

Estas no te las puedo contar (!)

Teletransporte en sueños (o como ir de una punta de la isla a otra sin darse cuenta).

1 replicante(s):

THECanape dijo...

puedes llegar a ser vomitivo.